sábado, 26 de diciembre de 2009

Capítulo 15


-Mamá apaga la luz- musité, ya que al intentar abrir los ojos una luz me cegó, creí que se me habían quemado los ojos.
-¿Qué dices cariño? Habla un poco más alto que no te oigo.

Noté la presencia sobre mí y como me cogía firmemente de la mano, pero a la vez con una delicadeza extraña, como cuando se sujeta una muñeca de porcelana, la coges con firmeza para que no se caiga y al mismo tiempo con delicadeza para que no se rompa. Tenía una sensación extraña. Intenté abrir los ojos y la blanca luz de nuevo volvió a cegarme. ¿Dónde estaba? Conseguí abrirlos por fin pero estos tardaban en acostumbrarse a la luz, me costaba distinguir a las personas que estaban a mi alrededor. La confusión me paralizaba. Intentaba pensar con claridad pero tenía demasiado sueño aunque hice un esfuerzo para vencerle y distinguí la figura de mamá. De a poco vi que había más personas en la habitación, ¿Carlota y Adriana?, ¿pero que hacía Adriana allí?, ¿cuándo había venido desde Madrid?, ¿y para qué? Entonces comenzaron los flases, recordé la discoteca, el cansancio, el frío... De repente se vino a mi mente la salida de la discoteca y mi sensación de mareo vagamente, todo era muy confuso, mi mente iba de un lado para otro, me dolía muchísimo la cabeza, y sueño, tenía mucho sueño.

-Vaya susto nos has dado preciosa.- me dijo Adri con voz cariñosa y tranquila.
-¿Susto?- pregunté a media voz mirando a mamá, buscando respuesta.
-Cuando te desmayaste pensé que te habías matado, te diste un buen golpe en la cabeza- replicó Carlota.

A lo largo del día me fuero contando cada uno su versión personalizada de la historia. Todas eran distintas pero venían a decir lo mismo y yo seguía confundida y muy cansada. La sensación de sueño fue desapareciendo despacio, los médicos me explicaron que me habían administrado un calmante ya que estaba muy nerviosa y mientras me hacían las pruebas me había desenganchado la aguja del brazo. Los médicos me diagnosticaron principios de anorexia y yo no paraba de repetir que yo no tenía anorexia y sólo llevaba unos días sin comer por los nervios de los exámenes. No quería ver la realidad, confundía y mal interpretaba todo lo que decían los médicos, personas que estaban allí para cuidarme. Con mucha calma el doctor que me atendía me explicó que la principal causa de lo que me había sucedido había sido el no comer, lo que me produjo un bajón de tensión y por eso me desmayé. Llevaba dos días ingresada en el hospital y en la confusión del desmayo Carlota había llamado a mis padres primero, para que vinieran en seguida a verme y después a Adriana para ponerla al corriente de todo lo sucedido. Según me desmayé se pusieron en contacto con una ambulancia, habían estado muy preocupados por mi estado ya que en el hospital nadie les decía lo que me pasaba y además estaba el golpe de la cabeza. Me dolía la cabeza, se ve que al caer me dí pero afortunadamente no necesitó puntos y lo más que hizo fue asustar a mis amigos, las heridas en la cabeza son muy escandalosas. Vieron como me trasladaban de una sala a otra para hacerme pruebas y más pruebas, el brazo izquierdo me molestaba por la sonda que me habían puesto y en el derecho tenía un par de pinchazos. Me hicieron pruebas de sangre, un TAC y varias radiografías para ver si estaba todo en orden, pero no tenía nada fracturado. Me comunicaron que estaría internada una semana hasta que me recuperara un poco de los días que había pasado sin dormir y comer, además una psicóloga vendría a visitarme cada uno de esos días.
Yo no sabía como explicarles que no tenía anorexia, solo había estado nerviosa. Esa mujer que me trataba probablemente estuviera más loca que yo.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Capítulo 14


Era jueves y por lo tanto un gran día de fiesta e la ciudad, en mi pueblo un jueves la gente estaría acostada a las diez de la noche pero allí los jóvenes se lanzaban a las calles a comenzar su fin de semana. Me encontré con mis amigos en la plaza, únicamente conseguimos aprobar para junio cinco de nuestro grupo de amigos del pueblo, tres debían ir a recuperación en septiembre y los demás eran mayores o menores junto con otros tantos que habían dejado sus estudios antes de obtener el graduado o que llegaron a él y después buscaron trabajo. En los pueblos la mayoría de las veces es así, la gente no siempre anda bien de dinero y se puede costear los estudios y luego están aquellos que simplemente no estudian porque prefieren trabajar. Por lo tanto, los pocos que estábamos nos encaminamos a una discoteca que había en el centro. Una vez allí dieron comienzo a la fiesta, yo no podía beber, mi estómago no dejaba de advertirme que con una copa podía hacer que expulsara hasta el café de la noche anterior, tampoco es que hubiera ingerido mucho más.
A pesar de mi malestar , la noche fue muy bien, nos reímos, bailamos y hablamos como si yo nunca me hubiera ausentado, como hacía dos meses que no sucedía. Me divertí tanto que no quería volver a casa, pero la noche llegaba a su fin. Mi mareo había aumentado en consecuencia de mi inquietud por no haber parado en toda la noche -o eso pensé yo- todos nos alojábamos por la misma zona. Nico, Rubén y Blanca en un hotel que no quedaba muy lejos del piso de mi tía, es más, tenían que pasar por mi calle para llegar hasta él y Carlota tenía que coger una desviación poco antes. Parecía que ya íbamos a casa cuando paramos en la puerta de un local que tenía buena pinta, en la puerta había muchos adolescentes y a todos parecía gustarles. El Pub se encontraba bajando unas escaleras, era el sótano de un bar en el que entraban personas con algo más de edad. Nico y Rubén nos propusieron entrar a tomar algo.
-¡Venga no seáis aburridas!- decía Nico con el propósito de convencernos a Blanca, a Carlota y a mi.
-Vamos a tomar la penúltima- le acompañaba Rubén, y todas le miramos con cara de cansancio- Nunca se dice la última así que siempre es la penúltima, ¡Porfa solo una copa y nos vamos!
Así pues todos bajamos a tomar otra más. El Pub era pequeño y se encontraba abarrotado, casi no había forma de abrirse paso entre los jóvenes, lleno de humo y con luces de neón que creía que harían reventar mi cabeza.
Accedí a tomarme una copa por si ayudaba a mis dolores de cabeza y hacían que me evadiera un poco de los nervios que tenía. Finalmente no fue una copa sino dos o tres y cuando por fin salimos a la calle sentí un frío horrible, iba en manga corta -cosa que a finales de junio es bastante normal- y vaqueros. Sentí como si fuera a caerme y me apoyé sobre Carlota. Tengo vagos recuerdos de lo que sucedió, muchas voces, un dolor intenso que no sabía de que parte de mi cuerpo procedía, imágenes borrosas, recuerdos sin sentido alguno que no era capaz de ordenar en mi cabeza. Después llegan más cosas a mi memoria, más voces, todas distintas, algunos gritos y órdenes, gente que me hablaba y a los que yo no podía contestar, angustia, luces, dolor, sentir estar atada, algo punzante en mi brazo, mi garganta extraña, agobio, los recuerdos se pierden, van y vienen, recuerdo estar muy quieta, nerviosa por no poder responder a toda esa gente y no poder hablar para preguntar que ocurría y solo permanecía la sensación de cansancio, cansancio de estudiar, de pensar, de soñar, incluso de vivir.
Y llegó el momento en el que escuché muchas voces, voces que no conocía y finalmente escuché a mamá gritar. ¿Ya estaba en casa?

viernes, 4 de septiembre de 2009

Capítulo 13


-Lo sucedido aquella noche, y que te habías enrollado con él en semana santa. Le dije que no creía que estuvieras así por eso, yo se que tu eres mucho más fuerte. Que puede ser uno de los motivos de por qué estás así pero no el principal, estoy segura de que pasa algo más y si no nos lo has contado debe ser por que para tí es algo importante o que no puedes contarlo. Solo te voy a decir al respecto que aquí tienes tres amigos que te van a apoyar indefinidamente y no necesitamos explicaciones para estar a tu lado.
-Vas a ser una gran psicóloga.- no se lo dije para cambiar de tema, bueno en parte si, pero lo dije dulcemente, para que se quedara tranquila.- de verdad agradezco mucho tu interés Carlota.
-Y no solo es eso, has adelgazado demasiado ¿es que no comes? Además estás todo el santo día nerviosa, no paras de moverte y tienes las manos destrozadas de morderte las uñas ¡Miraté!
Lo que yo sabía que decía con cariño eran dagas clavadas en mi pecho. Como si me vertiesen un jarro de agua helada por encima, yo no quería asumir mis problemas, yo era feliz en mi mundo, yo quería recuperar mi mundo infantil. Cada persona es un mundo a parte y cada mundo de esos tiene un cielo y un infierno. Yo estaba en mi infierno interior.
-Ya sabes que con los estudios me extreso y no puedo comer pero en cuanto termine todo comenzaré a cuidarme más- dije para quitar hierro al asunto.
-Por tu bien espero que sea verdad, si no tendré que encargarme yo de hacer que te cuides.
-¿Es una amenaza?
-No, solo un aviso de una futura psicóloga.
-Te creo.

Comenzamos a bromear durante el resto del tiempo que estuvimos juntas siendo consciente de que, como otras muchas veces, había vuelto a hacer promesas sin saber si las podría cumplir.
La selectividad me salió muy bien, salí emocionada, a diferencia de en muchos exámenes en el pasado, estaba segura de que había aprobado y me producía una satisfacción infinita. Mis amigas decidieron ir a celebrarlo y yo me uniría a ellas después, estaba agotada y necesitaba dormir un par de horas y darme un buen baño antes de comenzar las celebraciones. Me tumbé sobre la cama en casa de tía Alicia con la mirada perdida en alguna parte de la habitación, dando vueltas por esa enorme cama de matrimonio que tenía en la habitación de invitados. Me pude tirar así una hora y pese a mis intentos de relajación, las ovejas que conté y la tila que me tomé no conseuía dormir así que me di el baño que me había prometido a mi misma anteriormente y tomé dos o tres estimulantes para no quedarme dormida mientras estaba de fiesta mientras me arreglaba para salir. No me encontraba muy bien, sentía una sensación de mareo pero ya llevaba varios días así y la achaqué a los nervios de los exámenes y al estado de euforia que poseía por el fin de todo el suplicio que había pasado los últimos días.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Capítulo 12


A penas quedaban unas horas para el examen de selectividad. Había tenido que ir hasta la ciudad más cercana al pueblo ya que en este no se realiza dicho examen. El alojamiento no había sido un problema, me quedaba en casa de tía Alicia y estaba encantada con ello. Mi tía vivía sola y pasaba prácticamente todo el día trabajando en el hospital, así podía gozar de la casa para mi sola sin preocuparme por nada. Me encantaba estar con ella, aunque no la viera mucho siempre hubo una conexión especial entre nosotras dos. Yo la envidiaba, me encantaba su vida, su trabajo, su casa. Si me hubiera pedido que me quedara allí a vivir hubiera accedido sin miramientos. Era perfecta. Pasé estudiando todo el día y decidí salir a pasear por la noche. Me gustaban las luces de la ciudad, lo viva que era la noche en comparación a mi pequeño pueblo desierto de otoño a primavera. Paseé durante largo rato por las calles que miles de veces ya había recorrido de niña cuando veraneaba allí. Que ironía, la gente de las ciudades siempre anhela la tranquilidad de los pueblos y escapar de la rutina diaria mientras que nosotros deseamos ir a las ciudades para escapar de la monotonía y la tranquilidad del pueblo. Pensé en llamar a Carlota y a los demás. Car se alojaba con unos amigos de sus padres no muy lejos de donde yo me encontraba. Pasé a buscarla y quiso venir conmigo a tomar algo. El resto prefirió quedarse estudiando, no era de extrañar que quisieran estudiar, al día siguiente teníamos el examen.
Fuimos a un pequeño bar que me había gustado la última vez que estuve en la ciudad, no recordaba muy bien como ir pero tampoco nos costó demasiado encontrarlo. Estaba medio perdido, a las afueras -siempre me gustaron los sitios alejados del mundo-, nos pedimos unas coca-colas y nos sentamos en una mesa. Era un lugar fantástico, tranquilo, con cuadros en las paredes de artistas que yo conocía y que a la mayoría de las personas ni les sonaría el nombre. En el ambiente se podía respirar el olor de las acuarelas colgadas por las paredes, el local albergaba la vida de decenas de artistas que dejaban entrever la belleza de sus almas en forma de pinturas...

-Me gusta este sitio, ¿vienes mucho por aquí?
-La verdad es que solo he venido una vez, pero me apetecía volver.-después de tanto tiempo no sabía como hablar con ella. No es que hubiera dejado de hablar con mis amigas totalmente, pero nuestras conversaciones se habían limitado a los estudios y algún que otro detalle que me contaban sobre cuando salían los fines de semana, cosas irrelevantes.
-Extrañaba mucho esto.
-¿El qué?- pregunté haciendo que no había escuchado.
-Decía que ya no recordaba lo que es tomar algo contigo, últimamente has estado ausente. Supuse que necesitabas tiempo y tenías mucha presión con la selectividad.
-Si estaba un poco abrumada con los exámenes y decidiendo que iba a estudiar.
-¿En serio? ¿Y que has decidido?
Esa era una buena pregunta, no había pensado nada aún. Estaba matándome a estudiar para hacer algo que desconocía.
-Pues todavía no he tomado una decisión, me gustaría tener las cosas tan claras como tú.
-Si yo tuve siempre muy claro que la persona más adecuada para tratar a un loco era una que lo estuviese. La psicología siempre fue mi punto débil -dio una larga calada a su cigarro y volvió al tema de antes- Carolina, no quiero entrometerme en tu vida, pero este tiempo de atrás no he sido la única que se ha preocupado por ti. Adriana lleva llamándome desde semana santa haciéndome preguntas para saber si estás bien e incluso Joni me ha llamado. ¿Por qué no los coges el teléfono? No quiero que te enfades con él, pero me comentó por encima lo que sucedió con Eloy -yo debía tener una expresión entre asustada y con ganas de vomitar porque comenzaba a sentir graves mareos -Deja de mirar me así, no lo sabe nadie más, ni siquiera se lo dije a Adri, además creí que la dolería si se lo contaba yo antes de escucharlo de ti.
-¿Pe-pero qué te dijo Jonathan exactamente?

sábado, 22 de agosto de 2009

Capítulo 11


Día tras día no había uno en el que me librara de recibir una reprimenda por algo sin sentido, por nimiedades irrelevantes que no tenían ni pies ni cabeza para comenzar una discusión. Estaba cansada de todo aquello, de no poder enviarlo todo lejos y quedarme con las cosas buenas. Pasaba los días enteros encerrada en mi cuarto, no salía ni para comer, quería estar sola por encima de todas las cosas. Tampoco podía dormir, me dedicaba a leer y estudiar. Los libros fueron mis grandes compañeros en aquellos momentos de soledad y tristeza. Con ellos viajaba a lugares remotos, me embaucaba en aventuras maravillosas y conocía extraños personajes, así como también vivía los más bellos romances y hacía realidad mis sueños más complicados. Era lo único que me daba vida.
Así pasaron los días y yo cada vez me sentía más cansada en la solead de mi habitación, tomaba unos estimulantes que le habían recetado a papá cuando sufría de insomnio para que no se durmiera en el trabajo junto con grandes jarras de café para no caer rendida en las clases. Las noches las pasaba en vela delante de los libros tantas veces leídos, leyendo a escondidas con la linternita que guardaba debajo de mi cama, o mirando al cielo desde la cama, haciendo creer a mi madre que dormía. La tristeza se apoderaba de mí, no me dejaba pensar con claridad, no sentía hambre aunque llevaba varios días sin comer, era como vivir en una pesadilla hecha realidad, eso no era vida.

El curso llegaba al final sin sobre saltos. Quedaba una semana para la entrega de notas y esta vez no estaba nerviosa, en otro momento estaría comiéndome las uñas mientras esperaba el resultado de las notas. Pero en esta ocasión había estudiado y continuaba haciéndolo para la selectividad. Fue una semana caótica. Tenía los apuntes desperdigados por toda la casa. No comía, no dormía, lo único a lo que me dedicaba era a repasar esos malditos apuntes como si me fuera la vida en ello, necesitaba aferrarme a algo, buscar algo que me hiciera salir de ese mundo de locura y dolor en el que había entrado yo sola. Necesitaba aprobar más que nunca, salir de ese pueblo que me aprisionaba el alma y hacía de carcelero. Quería salir de ahí y dejar a un lado esa etapa de mi vida, dejarlo en el olvido como si nada hubiese sucedido. Recuerdo, que incluso dejé de pintar, aparté de mí no solo lo que odiaba, también todo lo que me hacía feliz.
El dibujo había sido para mi como el sol para la mañana. Utilizaba la pintura como terapia contra las adversidades que me rodeaban. No puedo negar que siempre fui una niña un poco especial, que prefirió un buen libro, o un bloc de dibujo y unos lapiceros antes que salir a jugar al parque. Hubo una etapa de mi vida en la que siempre había tiempo para pintar, por mucho que tuviera que estudiar, los momentos para ello aparecían solos.
Mis acuarelas estaban olvidadas en un rincón, llenándose de polvo lentamente bajo la ventana. El caballete majestuosamente apoyado al lado de ellas se veía abandonado con los pinceles sobre él, limpios y secos anhelando un toque de color que les manchara y les devolviese a la vida. Los lienzos que algún día estuvieron sobre el caballete descansaban bajo mi cama, escondidos, cubiertos por una fina sábana blanca aguardando que alguien los rescatara de su secuestro y oscuridad.
Mi habitación verde manzana se veía oscura a la luz del viejo flexo apoyado en el escritorio, en vez de iluminada por la luz de la ventana que se hallaba cerrada a cal y canto para que no penetrasen ruidos de la calle en mis intensivas y tediosas horas de estudio.
De esta manera, el tiempo transcurría sin contratiempos para el mundo exterior mientras que en mí dejaba una huella ojerosa a su paso. Mis ojeras producidas por el cansancio solo eran superadas por mi mal humor gracias a la falta de comida, los estimulantes y el café que a la vez me ponían nerviosa y hacían que me costara tomar decisiones, mis pensamientos no pasaban por su momento más lúcido, la ausencia de comida y el sueño realmente provocaban serios estragos en mi persona. Yo no me interesaba por ninguno de estos síntomas que me estaban volviendo tonta, así lo veía yo, "Me estoy volviendo tonta" me repetía, "Será eso". Mis calificaciones llegaron el viernes. No puedo decir que fueran excelentes, pero si buenas, no se podía esperar más de una persona que más que un ser humano parecía un fantasma, con constantes dolores de cabeza por el vacío del estómago, y el cansancio acumulado de las últimas semanas, lo raro era que aprobara. Pero yo en aquel entonces pensaba que con estudiar bastaba, daba igual si no tomaba algún alimento o me atiborraba de pastillas que me destrozaban el estómago y apagaban mi vida.

martes, 18 de agosto de 2009

Capítulo 10

Comencé a aislarme, estaba cansada de sufrir. En casa día tras día solo tenía discusiones. Nadie me entendía y yo no entendía a nadie. Me sentía sola, triste y avergonzada. Lo sucedido con Eloy había conseguido que explotara en mi una bomba que ya llevaba mucho tiempo a punto de reventar, que me oprimía el pecho y comenzaba a no dejarme respirar. Jamás se me ocurrió culparle a él por lo ocurrido, pero si agradecerle que me ayudara a ver lo que me rodeaba. Me centré en mis estudios y dejé a un lado todo lo demás. No solo el tema del amor, que era uno de los principales de por qué estaba así, también abandoné a mis amigos, y sobre todo a mis padres. Aunque mis padres ya estaban abandonados hacía mucho tiempo.
Una vez que creces todo es distinto, dejas de sentir esa protección infinita que te arropa siempre que te sientes triste o sola y comienzas a apartarte y, aunque triste y sola, haces como si nada te importase, crecer no es nada fácil, a mi parecer la transformación que sufrimos, el periodo de transición entre el niño y el adulto es el tiempo más complicado de nuestras vidas, hay quiénes tienen suerte y viven una adolescencia maravillosa, muchos otros pasarán preguntándose toda su vida "Qué hubiera pasado si..." y el último y mayor sector llegará a la madurez intentado suprimir ciertos momentos del pasado de su memoria.
si es verdad que me llevaba realmente mal con mis padres, pero en cambio, adoraba a mi hermano. Gabriel era el niño más dulce que he conocido jamás, tierno, cariñoso y adorable. Todo el mundo se reía con cariño cuando el hablaba porque aún no pronunciaba bien la erre y junto con su vocecita infantil lo hacían entrañable. Él me daba fuerzas para seguir adelante. Me entristecía ver como sufría cada vez que discutía con mis padres cada vez que mis padres discutían entre ellos, y la verdad, lo hacía a menudo. Las broncas estaban a la orden del día, ya fueran por tonterías o no, solo había gritos, insultos, reproches y toda clase de desavenencias que me tentaban a escapar, cosa que nunca hice, y no por falta de valor sino por no abandonar a mi dulce hermano y complicarle la situación. Ya bastante difícil era todo para él como para darle más disgusto.
Mi mundo en aquellos momentos era una caída en picado en un pozo sin fondo.


-¿Piensas salir hoy?- me preguntó papá el sábado por la noche.

-Ya te he dicho que no, estoy liada con los exámenes finales y no tengo tempo para salir, debo estudiar.

-Eso es lo que tienes que hacer, estudiar y dejarte de tonterías que los amigos no te van a dar de comer el día de mañana.

-Pero, ¿qué estás diciendo?, ¿sabes el tiempo que hace que no salo? Por lo menos no lo hago desde comienzos de abril y ya estamos casi en junio, y además ¿qué sabrás tu de mis amigos?

-A mi no me respondas que soy tu padre, se más de lo que te piensas. Habrase visto los niñatos de hoy en día que se creen los amos del mundo. Y ponte a estudiar si tantos exámenes tienes que yo todavía no te he visto coger un libro.

-Me pondré a estudiar cuando me de la gana, que para algo es mi futuro, ¿me meto yo en tu trabajo? ¿y como piensas verme estudiar si no piensas en esta casa? Estoy cansada de todos vosotros, que ganas tengo de largarme de aquí.

-Vete a tu cuarto ¡ya!

-Si, tu arreglalo todo con voces, si ya se yo que estás deseando perderme de vista, no te preocupes que cada vez queda menos. Vámonos Gabri que hoy se ve que tampoco está de buen humor.

-¿Qué le pasa a papá tata?- me preguntó mi hermanito cuando estábamos saliendo del salón- ¿por qué siempre está tan enfadado? ¿hemos hecho algo malo?- no se como lo hacen estos niños que siempre dicen las palabras adecuadas en el momento indicado.

-No cariño, habrá tenido un mal día en el trabajo, no te preocupes, anda ve a jugar que tengo que estudiar. Luego juego un ratito contigo- le dije mientras me atrevía a mirar los ojos de mi padre que nos observaba con ira y reproche por las palabras de Gabriel.

lunes, 10 de agosto de 2009

Capítulo 9


-Perdona, ¿tienes un momento?- cuando lo pienso me avergüenzo y pienso que soné estúpida y borracha.
-Bueno, es que ya es tarde y me iba a casa.
-Espérate a que vuelvan porfa, que no quiero quedarme sola.
-¿Qué pasa, que yo soy el que te entretiene cuando tu chico se va?
-¿Pero que estás diciendo? Tu no tienes ninguna obligación conmigo y eres libre de irte si quieres, pero antes escúchame.-cogí aire y comencé a hablar como si me fuera la vida en ello-. Yo con Jonathan no tengo nada, es más, es como un hermano para mi. Cuando me has visto en la puerta de su casa ha sido porque a parado a coger una chaqueta cuando íbamos a comprar. Si no te lo quieres creer, allá tú, eso es tu problema.
-Las explicaciones sobran, a ver si te has pensado que soy tu niñera. Que lo del sábado pasado solo fue un royo, no te hagas muchas ilusiones.
-eres un hipócrita, ¿te lo han dicho alguna vez?
-¿Y tú eres la que habla de hipocresía?

Me fui de allí, ya no soportaba ni una palabra más. Estoy cansada de que me juzguen y no atiendan a explicaciones, explicaciones que no le doy ni a mis padres. Siempre me he preguntado por qué el mundo es tan cruel y piensa que lo sabe todo. Por qué no viví en otra época, de ser por mi hubiera nacido en la Edad Media, cuando aún existía el cortejo y el amor. El amor de verdad. Hoy en día aquellas costumbres se perdieron y solo quedan la mentira, las ilusiones y los besos regalados. Decir "te quiero" ni siquiera se parece a cuando dices "te amo", el cariño y el amor son dos cosas muy distintas, tan diferentes que si midieran sus diferencias en la balanza de la vida el cariño sería como el aire y el amor sería aún más pesado que el iridio, lo que desequilibraría la balanza tanto que se vería claramente diferenciado el valor de cada uno de ellos.
Según andaba las lágrimas corrían por mis mejillas, sentía dolor y angustia, enfado. Me sentía como una niña desprotegida que busca los brazos de su madre y no los halla por ninguna parte. No dormí en toda la noche, dando vueltas en la cama, pasé la noche mirando por la ventana. Hacía una noche estrellada como pocas, el cielo repleto de miles de millones de estrellas que formaban un cuadro hermoso desde mi habitación. Parecían adorar a la luna, una luna llena y hermosa que daba un baño de luz a la noche. Así no se con certeza cuantas horas pude pasar observando el cielo. La cantidad de pensamientos que se sucedieron por mi mente hasta que quedé rendida sobre la almohada. Haciéndome mil preguntas sin respuesta, soñando con una vida diferente en un mundo dispar.
Aquella noche me odié por no haber aprendido las lecciones que me ofrece la vida. Por no ser inmune al sufrimiento que me causan mis ilusiones de niña inocente. Por conservar esa inocencia estúpida que siempre me lleva por un camino de penumbras.

jueves, 6 de agosto de 2009

Capítulo 8

-Me fijé en tu forma de mirarle el sábado pero no quise pensar que realmente te gustaba, solo que es un chico más, sin más preámbulos. Ahora veo que sientes algo por él. No me lo puedo creer, ¿no podía ser otro?
-Dios, Joni, ¡no es para tanto!, tan solo hace una semana que lo conozco. ¿Porqué tenía que ser otro?
-Si que es para tanto, te conozco demasiado bien. Además ese chico no me gusta para ti, no me cae demasiado bien.
-Da igual, dejémoslo, a saber que es lo que está pensando de mi en estos momentos, y ya te digo que nada bueno.

Volvimos a la nave con los demás que ya protestaban por la falta de hielos. No reparé en la presencia de Eloy hasta pasados unos minutos cuando me fijé que estaba al fondo hablando con algunos chicos y con Car. Me acerqué a ellos disimuladamente y me introduje en la conversación como pude. No me resultó muy difícil, al fin y al cabo esos chicos eran también mis amigos. Le noté incómodo, y por más que yo intentaba buscar una oportunidad para hablar con él, Eloy se esforzaba más si cabe en huir de mi.
-¡Carolain! ¿Te vienes a casa?- Carlota me sorprendió por detrás.
-Creo que paso, me voy a quedar un rato más.
-Pero tía, ¡Qué dices! ¡Si esto está muerto!, venga anda que no queda nadie y tenemos examen el lunes, además para ser un viernes ya son las 3.
-Ya, bueno, me bebo el último cubata y me voy. ¿O prefieres que te acompañe?
-No, que va, me voy con Iván y Toño que pasan por mi puerta así que ya me dejan en casa. ¿Pero seguro que estás bien? Mira que estás bebiendo demasiado y no estás acostumbrada, no quiero que te siente mal.
-No seas pesada, no ves que estoy bien, vete tranquila.
-Ok, mañana te vienes a mi casa y repasamos el trabajo que nos mandó la de lengua, ¡Qué dentro de nada nos graduamos chavales! - esta última exclamación la hizo dirigiéndose a toda la nave y en un tono un poco más alto de lo normal, lo cual hizo que yo me sonrojara notablemente.


No, no estaba bien. Y si, estaba bebiendo demasiado. Pero ya solo quedábamos Joni, Fran, Eloy y yo. Joni se me acercó para comentarme que le iba a decir a Fran que le acompañara un momento a su casa por que se necesitaban unas bolsas para recogerlo todo. Era una pequeña estratagema para dejarme a solas con Eloy, se lo agradecí sonriente y le di un beso en la mejilla, al instante me arrepentí de haberle besado, un acto tan común entre nosotros, que éramos como familia. Eloy observaba la escena desde otro ángulo totalmente distinto haciendo como si nada de eso fuera con él, a la vez yo pensaba que todo esto si le incumbía por muchos esfuerzos que él hiciera en no mostrar su interés. Sentí arrancar el coche y alejarse, pero no tenía fuerzas para acercarme y decirle nada. Lo hice lentamente, no sabía como iba a reaccionar y eso me asustaba.

jueves, 30 de julio de 2009

Capítulo 7


Llegó el viernes y después de pelearme con todo mi armario me puse unos vaqueros con una camisa blanca por encima y me alisé el pelo -normalmente lo llevo rizado- dejando que cayera suelto por encima de mis hombros.
Me recogieron Carlota y Joni para ir al local de un amigo a las afueras del pueblo donde celebraba una fiesta. Tenía la suerte de que Joni estuviera todavía en el pueblo porque así no tenía que ir andando y pasar frío. El sitio era una gran nave provista de un equipo de música y no había casas alrededor por lo que no molestábamos a nadie. Podíamos escuchar música y disfrutar con tranquilidad sin la necesidad de que nadie nos llamase la atención, cosa que nos sucedía en muchas ocasiones.
Todo había vuelto a la rutina de siempre, nosotros y nosotros, los cuatro tontos como solemos decir. Era el momento de quedarnos tan solo los que vivíamos en el pueblo, y resultaba realmente aburrido. Muchos cogían los coches y se iban de fiesta a pueblos cercanos con más gente, otros tantos no salían porque los exámenes finales estaban a la vuelta de la esquina. Así que aquella noche pintaba bastante aburrida puesto que apenas nos juntaríamos unos pocos. Una vez asumido que nadie más tenía pensamientos de salir me ofrecí voluntaria para acompañar a Joni al bar más cercano porque las existencias de hielo se habían agotado. Claro está que le acompañé porque íbamos en coche por que el bar más cercano a donde estábamos quedaba a unos 2 km . Antes de entrar en el bar nos paramos en su casa porque tenía que coger una chaqueta y yo le esperé en la puerta. Sin saber como, mientras me colocaba el cinturón, vi como un coche se paraba y se quedaba mirando. La situación creo que es muy confusa, en la puerta de la casa de Joni-que se hallaba abierta-, colocándome el cinturón, da bastante en que pensar. En otra ocasión ese dato no me habría importado, incluso me hubiera divertido viendo la cara que ponían los ocupantes del coche mientras se imaginaban lo obvio. Esta vez era totalmente diferente, el del coche era Eloy, mirándome atónito, también vi su cara transformarse como si viera a una cualquiera, subir la ventanilla del coche y decirle al conductor que continuara. ¿Por qué las personas son tal mal pensadas? El mundo nos incita a ver desde fuera sin buscar explicaciones, a juzgar todo por las apariencias y no pararnos a pensar si hacemos daó a alguien. También es verdad que ese chico prácticamente no me conocía, y la situación era bastante contradictoria. Me giré y ´Joni estaba detrás ¿Cuanto tiempo llevaría ahí?Fue lo bastante como para presenciar toda la escena y al verme se dio cuenta de que no era un buen momento cmo para hacer comentarios con sorna.
-¿Qué te pasa?- me preguntó.
-¿No te has dado cuenta de lo que ha pasado?
-Si, supongo que habrá pensado lo que no era.
-¿Supones?-pregunté atónita-, ¿no has visto como me miraba Eloy?
-¿Desde cuando te importa lo que piense la gente?- me miró detenidamente- Ah, no es lo que te importe la gente, es lo que piense él si no me equivoco.
-No, no te equivocas- le dije con voz compungida, dolorida por la escena.
-¿Desde cuando estás con Eloy?
De camino al bar le conté todo lo que había pasado con pelos y señales. Como le conocí en el campo, lo mucho que llamó mi atención, lo que ocurrió aquella noche y cuando dejé de bailar con él, el beso, todo, tal cual había sucedido sin dejar nada atrás. Jonathan escuchaba atentamente si hacerme preguntas, tan solo asentía y observaba mis movimientos mientras yo hablaba y hablaba. Me sentí aliviada de confiarle a alguien todo eso. Aunque, a decir verdad, no dejaba de sentirme culpable por contarlo, como si estuviera traicionando a alguien o desvelando un secreto guardado durante toda una vida.

sábado, 25 de julio de 2009

Capítulo 6


Dediqué la semana a obtener información de mis amigas. Tan estúpida soy que ni se me ocurrió pedirle su número de teléfono. Cada palabra, cada cosa que me contaban, iba haciendo crecer en mi un gran interés hacia él. Mi ilusión por conocerle se acrecentaba por momentos.
Para mi nunca existió el amor, sino las ilusiones que se formaban en mi mente haciéndome creer lo que no existía, haciéndome ver lo que nunca sucedió. Así día tras día alimentaba el sueño de una noche de primavera junto a un chico maravilloso.
Pero no todo era tan perfecto. Cuando bajaba al mundo real solo intentaba salir. En esa época lo único que me interesaba era evadirme del mundo real para huir al imaginario. Sabía que algo andaba mal. Desde hacía mucho todo estaba patas arriba. Si bien no existía ningún problema con mis amigas, yo los veía a cientos. Discutía a menudo con ellas por cosas sin sentido y me molestaba cualquier cosa aún sabiendo que era algo sin importancia. De un pequeño problema hacía un mundo, supongo que como cualquier adolescente, pero yo nunca fui como una adolescente cualquiera, siempre llegué al límite, ¿siempre llegué? siempre llego, perdón.
Maldita la imaginación que me hizo ver fantasmas donde ni siquiera había sábanas. Intentaba aferrarme a la idea de que Eloy había aparecido para salvarme de mi desgana y hacerme ver que el mundo es mejor de lo que pensamos. O mejor explicado, de lo que yo pensaba. Que mi vida tenía un sentido por mucho que yo me negara a verlo y que el amor no se basaba en invenciones sino en sentimientos puros y hermosos tan claros como el agua que baja por los riachuelos perdidos en las montañas cubiertas por blanca y suave nieve derritiéndose.
A lo largo de la semana recopilé información suficiente como para parecer un espía de la CIA. Eloy estudió desde los 10 años en un colegio de Madrid (en los pueblos mucha gente opta por ofrecerle una mejor educación a sus hijos puesto que la mayoría de las veces, y este es el caso, había necesidad de trasladarse cada día a otra localidad para poder ir a clase puesto que carecíamos de institutos y colegios en el pueblo). Tenía la selectividad aprobada e intento estudiar primer año de derecho como su padre siempre había querido, pero en menos de medio curso se cansó, decidió que eso no era lo suyo y dejó la carrera. Por lo visto no venía mucho al pueblo, prácticamente tan solo los veranos, porque aunque sus padres vivían en él, el se quedaba en Madrid con sus abuelos maternos mientras que estos iban a visitarle de vez en cuando. Es comprensible que no quisiera venir, total cuando no hay un puente o alguna fiesta especial esto parece un pueblo fantasma, sobre todo en invierno, cuando como mucho nos podemos juntar veinte o treinta personas jóvenes, que si hablamos de ancianos las cifras llegan a varios cientos pero lo que hacía falta era juventud para animar la vida del solitario y viejo pueblo perdido de la Siberia Extremeña.

martes, 14 de julio de 2009

Capítulo 5

Me desperté cerca de la una del mediodía, no me explicaba como había conseguido dormir después de la noche anterior. No tenía el estómago como para desayunar. Cuando ya me había dado una ducha y una vez respondidas las preguntas de mi madre- ¡madres! siempre quieren saberlo todo- decidí salir.
Bastó con darle un toque a Sara para que se presentara en mi casa en menos de cinco minutos. Era su último día y quería estar junto a ella el mayor tiempo posible, las demás seguramente seguirían dormidas, pero a Sara y a mi nunca nos gustó dormir demasiado, no por nada en especial, pero siempre éramos las únicas con fuerzas para salir un domingo por la mañana. fuimos a tomar una cerveza al bar donde nos solíamos juntar. Un local pequeño, sin mucha luz, donde a penas había nada más que un futbolín, dos mesas y la barra con seis o siete taburetes. Tampoco cabía mucho más, pero normalmente estaba lleno, había buen ambiente. A excepción de los últimos días yo solía ser una persona muy sociable y me gustaba estar ahí rodeada de gente. Así que como ese día yo no estaba muy por la labor Sarita y yo decidimos pedirnos unas cañas y sentarnos en una mesa situada en el rincón más alejado.

-Carol, ¡Carol!, ¡CAROLINA!- supuse que llevaba largo rato hablándome y yo estaba en mi mundo, entre mis nubes como de costumbre.
-¿Qué pasa? No grites- me costó salir de mi ensimismamiento.
-No se, dímelo tú. Estás ida, y todavía no me has dicho por qué desapareciste anoche.
-Simplemente me fui a casa...

"Simplemente me fui a casa", me odiaba por mentir. Odio la mentira, mi vida en si es una gran mentira y no quería ser partícipe de más. Hoy pienso que si la mentí en un principio fue porque no quería que se perdiera la magia de aquella noche, como si contarlo fuera ha hacer que todo se borrara y obligarme a volver a la realidad. Como si contarlo causara el desvanecimiento de todo. Finalmente me despedí de Sara, ella debía volver a Barcelona y no nos volveríamos a ver hasta mayo. Ella se iba y yo como despedida la mentía, eso es de ser una gran amiga.

Capítulo 4

El chico que amablemente me invitó a la copa era Jonathan. Johnny y yo éramos amigos desde niños, nos criamos juntos y como en aquel momento estudiaba fuera por primera vez en nuestras vidas nos habíamos separado. Fui a saludarle y agradecerle el gesto que había tenido conmigo invitándome, esa tarde no habíamos tenido tiempo para hablar y había muchas cosas que debíamos contarnos. Era agradable estar con él otra vez, como si siguiéramos siendo niños y nada hubiese cambiado. Pasamos largo rato hablando, me decía como le iba en la universidad, como le gustaría que estuviéramos allí y pudiéramos disfrutar con él de todo aquel ambiente que se respira en Madrid... Más tarde me preguntó que si quería bailar y acepté encantada, era consciente de ser la envidia de muchas de las chicas que nos rodeaban con el que para mí tan solo era como un hermano.

De repente noté como alguien ponía suavemente su mano en mi hombro.

-¿Me la prestas?
-Claro, toda tuya.- y añadió Johnny mirándome a mi- Luego nos vemos pequeña, llámame si necesitas algo.

Sonreí dulcemente mientras contemplaba la situación y Jonathan se alejaba guiñándome un ojo. Todo parecía sacado de una película. Como en uno de mis sueños. Cuando conseguí volver al mundo real ya estaba bailando con él.

-¿Qué pasa? ¿A mi no piensas preguntarme?- le pregunté cruzando los brazos y mirándole fijamente.
-¿Preguntarte qué? ¿Si quieres bailar? Supuse que querrías bailar conmigo ya que a mi me apetece bailar contigo.- Es estúpido, pensé. Un estúpido encantador con unos ojos preciosos y la sonrisa perfecta.
-Pues creo que supones demasiado.
-Perdona Carolina, no quería parecer tan imbécil, ven, sígueme.
-¿Dónde me llevas?- pregunté mientras claramente veía como me arrastraba hasta la salida de la discoteca.
-El ambiente está muy cargado y me apetece hablar contigo tranquilamente.

Así nos apartamos del ruido, las luces y la gente...

Recogimos las chaquetas y le seguí hasta la calle donde hacía algo más de frío cubriéndome con el fular que llevaba en el cuello. Caminamos largo rato en la oscuridad de la noche sin decirnos nada. Aquella noche sobraban las palabras. Todo era un sueño mágico del que no quería despertar. El olor de los recién florecidos jazmines impregnaba la noche. Podía saborear la dulzura del momento y deseaba con todas mis fuerzas que no terminara nunca. Nos sentamos en un banquito a las afueras del pueblo, mirando como pronto comenzaría a amanecer. Le dio una calada al cigarro que tenía entre sus manos. En ese momento me dieron unas ganas enormes de coger mis lienzos y mis acuarelas y pintarle, rogarle que posase para mí. Desde niña me gustaba coleccionar momentos como aquellos para que no se perdieran en mi memoria, quería tenerlos presentes bien cerca de mi. Me gustaba mi vida inalterable en mi memoria, dejar testimonio de mis recuerdos más preciados. Decidí intentar fijarme en los detalles para más tarde, en casa, ser capaz de dibujarlo todo sin excepción alguna, nada debía quedar en el olvido.
De pronto me molestó que fumara. Mis cambios de humor son tan repentinos que ni yo misma los puedo controlar, el humo del tabaco comenzaba a fatigarme de unas maneras tan descontroladas como los cambios de humor que cité anteriormente. Me molestaba que fumara y no tenía explicación alguna para ello. Quité el cigarrillo de sus manos y lo tiré al suelo sutilmente. Vi su cara extrañada y divertida a la vez.

-Si te molesta me lo podrías haber dicho.-me reprochó enarcando una ceja.
-Perdona, ha sido un pronto- comenté avergonzada.
-Me he dado cuenta.

El volver a la conversación me hizo pensar en la hora que era, el sol ya comenzaba a asomarse tras las colinas e iba dejando aparecer los suaves tonos de la mañana.

-Ya es tarde- le dije como en estado de espera, sin saber que era lo que tanto anhelaba- he de irme.
-¿Te acompaño?- hizo una pausa, no apartaba su mirada de mis ojos- no me importa.
-No, prefiero ir sola, necesito despejarme un poco.

Acarició mis labios suavemente con su mano para hacerme guardar silencio. Muy despacio, dulcemente, me atrajo junto a él. Podía sentir su aliento muy cerca de mis labios y su mirada dirigiéndose a ellos. Nos fundimos en un beso tímido, azucarado, hermoso, sincero o quizá un simple beso que a mi me hizo sentir todos esos sentimientos. Y nos quedamos ahí sentados, besándonos a la par que salía el sol hasta que se hizo demasiado tarde y tuve que volver a casa.

domingo, 17 de mayo de 2009

Capítulo 3

-¿Quién es?- pregunté intrigada por la seguridad con la que Sara me confirmó que la mirada de aquel chico iba dirigida a mi.
-Espera ahora le ves- seguimos bailando y disimuladamente nos cruzamos.
-¿Estás segura? Yo no veo a nadie.
-¿No le ves? Mira disimuladamente hacia el final de la barra.- dirigí una descarada mirada hacia donde me indicaba Sara mientras ella me propinaba un codazo en las costillas - ¡Ay!- me quejé.
-¡He dicho disimuladamente, no que mires a bocajarro!

Yo ya no la escuchaba, en ese momento me parecía que un milagro había atendido a mis súplicas. Ahí estaba él, mirando como bailaba, sin apartar la vista de mi mientras apuraba su copa de un trago. Dejamos de bailar y nos fuimos a la mesa donde estaban nuestras cosas, ya llegaban el resto de mis amigas. Comenzamos a hablar y a hacer tonterías. Desde niña nunca había tenido la sensación de tener amigos, no amigos de verdad. Incluso ahora de todos los amigos que puedo tener, solo soy capaz de confiar en dos o tres, los que se abrieron a mi desde un principio y nunca perdieron la esperanza de que en algún momento yo abriría mi corazón para ellos. Los demás tan solo son compañeros de fiesta, del instituto, de trabajo... Personas transitorias en mi vida que van cambiando. Aparecen, desaparecen, algunos vuelven y a otros no los volveré a ver. Amigos por conveniencia como se suele decir, o personas que, aún cayéndome bien, soy consciente que con ellas no tengo nada en común. Intenté desenredarme de la discusión que se había formado entorno a que íbamos a hacer esa noche, porque el día siguiente era el último de Sara en el pueblo, irónicamente ella era la única a la que le daba igual. Así pues la aparté hacia un rincón para poder hablar con ella a solas un instante.

-Sarita, cielo ¿llevaba mucho tiempo viendo como hacemos el ridículo?
-¿Quién?
-No te hagas la tonta, ¡Quién va a ser! El de la barra.
-El suficiente, creo ¿sois amigos?
-¿Amigos?
-¡Si! Tu y Eloy. Es que nunca os he visto juntos, vamos en realidad a el casi nunca le he visto. El chico no está nada mal, si no lo quieres me lo quedo.
-Primero, no, le he conocido hoy. Segundo deja de decir tonterías. Y tercero, el chaval no es un juguete.
-¿En serio tú le has conocido esta tarde? ¿Tú miss relaciones públicas?- como siempre he vivido en el pueblo y gracias a que mis primos mayores solían cuidarme cuando era pequeña conozco a casi toda la gente del pueblo. Pero ese chico en aquellos momentos me había dejado trastornada.
-Si, deja el tema anda y vete a ver que están tramando estas mientras yo voy por una copa.

A veces me gustaría matar a Sara con mis propias manos, casi siempre me encantaba esa manera que tenía de enfrentarse al mundo riéndose de todo, pero casi siempre no es siempre, y menos cuando estaba en medio de una crisis mental por mi abandono de imaginación que parecía haberse ido de vacaciones con eso de que era fiesta. Volví a mirar hacia donde se encontraba él, bastante gente se hallaba de por medio y cada uno estábamos en una punta de la discoteca pero aún así conseguía verle y él también podía verme con facilidad. De nuevo le encontré mirándome. Ahí estaba, el misterioso chico de esa tarde, mirándome. El chico que al fin tenía nombre y me encantaba, no dejaba de repetirlo mentalmente "Eloy, Eloy, Eloy..." me gustaba como sonaba. Nuestras miradas se cruzaron y ninguno de los apartaba la vista del otro. Era como un duelo y he de reconocer que me encantaba. Intenté buscar excusas para hablar con él pero por mucho que daba vueltas indagando en mi cabeza esta no respondía. "¿Por qué me abandonaba así ahora? ¿dónde se metía mi imaginación cuando la necesitaba?" Era lo único que no dejaba de repetirme, mi imaginación siempre fue ilimitada. Ya en el colegio la maestra, cansada de mis historias y mis aventuras imaginarias fue a hablar con mis padres para comunicarles que necesitaba actividades extraescolares para calmar mi exceso de imaginación. Así pues, finalmente reuní el valor suficiente que necesitaba para acercarme a Eloy. No se como lo hice, quizá fuera la música, las luces y seguramente también tomó parte el alcohol ingerido antes lo que me empujó a acercarme a él sin ningún pretexto. Me coloqué a su lado y le indiqué al camarero que me pusiera otra copa de lo mismo que estaba tomando. Eloy parecía estar en medio de una interesante conversación con un amigo. Eso me dio algunas esperanzas, fui a saludar levemente a su acompañante. No quería mostrar interés alguno por él por lo que no podía desvelar que conocía su nombre. No quería que pensase que había estado rebuscando haciendo preguntas sobre él y realmente no lo había hecho, aunque no había sido por falta de ganas.

-Parece que volvemos a encontrarnos.
-Ah, tu eres el chico de esta tarde ¿no? Si, bueno, eso parece.
-Creo que no me he presentado, mi nombre es Eloy- me dio dos besos, dos besos encantadores y lo extraño o el encanto del momento, según se mire, lo rompió el camarero trayéndome la copa indicándome el comienzo de la barra a la par que me decía que un chico que estaba allí ya la había pagado.

Eloy entre tanto no apartaba la vista de mi ni un momento. Algo que me ponía muy nerviosa y por lo que estaba totalmente agradecida a la oscuridad de la discoteca que ocultaba mis sonrojadas mejillas.

-Adiós Eloy- al ver la cara que se le quedaba pude adivinar que en su mente se trazaba una batalla buscando un tema con el que sacar alguna conversación.
Supongo que le dejé perplejo esperando que fuera yo la que continuara hablando con él. Tampoco quería hacerme ilusiones, ya bastante difícil me había resultado mi anterior relación como para estropearlo todo ahora que comenzaba a superarlo. Yo y mis relaciones, lo que viene siendo el tema yo y el amor es un desastre. Algún día si me decido escribiré un libro titulado "Los desastres amorosos de Carolina" tomos del uno al mil separados cronológica o alfabéticamente, ya lo decidiré, de todos los chicos que han llegado a pasar por mi cabeza. Con esto no digo que me enamore cada dos por tres de todos los chicos que entran en mi vida pero si es verdad que hace falta muy poco para conseguir que lo deje todo por alguien. Quizá sea demasiado apasionada, mejor dicho, vamos a dejarlo sin el quizá.

martes, 21 de abril de 2009

Capítulo 2

Sara pasó a buscarme a las once y como de costumbre todavía no estaba arreglada. Me faltaba terminar de vestirme y maquillarme. Como siempre, la pobre tuvo que esperar largo rato hasta que terminé de prepararme. Salimos tranquilas de mi casa y quedaba media hora para que la gente empezara a llegar. Me gustaba quedar antes con ella, se notaba que íbamos un poco a nuestra bola, y de este modo podíamos planear lo que haríamos durante la noche, no solíamos pasar todo el tiempo en un solo sitio, preferíamos apartarnos de nuestras amigas -que eran partidarias de quedarse en la discoteca de principio a fin de la noche- y así podíamos ir a otros lugares y estar con gente diferente, pues a mi parecer lo contrario era aburrido. Entramos en la discoteca a tomar una copa mientras esperábamos, según entramos nos quitamos las chaquetas que nos protegían de la fría noche de comienzos de abril y las dejamos en la entrada. Sara estaba muy guapa, ella era una de esas personas tan peculiares que hacen que la vida tenga algún sentido. Una cara redonda con una bonita sonrisa. Sus ojos de azul intenso contrastaba a la perfección con su pelo negro azabache. Siempre conservaba una expresión calmada que en mi tenía un efecto tranquilizante increíble. Nunca fui capaz de saber cuando estaba preocupada por algo, tan serena, resolviendo cada problema con una gran dosis de humor y una gran sonrisa en el rostro.

-Carol, anímate, vamos a bailar.
-Sarita, ¡qué dices! Que vergüenza...
-¿Tú vergüenza? ¿Desde cuando?- me dijo divertida mientras se dirigía a la pista de baile.
-Es que no hay nadie bailando- intenté replicar, pero ella ya no me escuchaba.

A mí nunca me gustó llamar la atención, pero con ella todo era diferente. Sara, mi dulce amiga, tan rebosante de vida, tan llena de gracia. Para Sara era necesario llevar a cabo todas esas locuras y desvariaciones que se la pasaban por la cabeza. Como una noche del verano anterior que nos arrastró a Carlota, Adri y a mi a la puerta de la piscina del pueblo. A día de hoy no me explico como lo logró, pero consiguió que nos coláramos porque quería bañarse. Al final, terminamos todas en ropa interior dentro de la piscina y no puedo negar que no me lo pasara bien, porque realmente disfruté de esa noche como una niña con un juguete nuevo y aun sigo recordándola como una gran noche repleta de risas, algo de alcohol, rodeada de amigas y con una gran dosis de amistad, pero es que a Sara jamás fuimos capaces de negarle nada, tiene un gran poder de convicción.

La discoteca, sin ser grande, tenía un ambiente único. Las luces, la música... Envolvían la noche y la llenaban de luz y de color . Todo en general tornaba la noche y la hacían mágica. Nosotras nos mezclamos con el medio y comenzamos a bailar. La discoteca se iba llenando tranquilamente. Cuando nos dimos cuenta estábamos rodeadas de gente bailando, personas que nos saludaban y se unían a nosotras, tampoco eran demasiadas, quizá la discoteca fuera demasiado grande en correspondencia al número de habitantes del pueblo, pero me encantaba, es uno de los lugares grabados en mi mente a los que más cariño tengo en mis recuerdos de adolescente. Pero era esa gente de toda la vida, aquellas con las que crecimos. Hermanos, amigos, primos, vecinos...

-No mires todavía. Hay un chico que no te quita el ojo de encima.
-Déjalo Sarita lo más probable es que te mire a ti. Anda ve por él. Seguro que tienes ganas.
-Te digo que no. Que es a ti. Ya me gustaría que él se fijara en mi...
Me ponía nerviosa cuando me ocultaba cosas intentando darlas un halo de misterio, ser misteriosa nunca la sentó bien, era demasiado transparente, en la luz de su mirada podías observar sus intenciones.
No me atrevía a mirar, quería ver quien era ese misterioso del que ella me hablaba y al que miraba con curiosidad pero tampoco quería que si era verdad que miraba, se fijara en que estábamos tan pendientes de él.

miércoles, 15 de abril de 2009

Video promo

Os informo de que tengo un video de promoción para Encerrada en el Olvido, lo hice yo así que no esperéis demasiado del video.
Podéis verlo en el enlace de más abajo.



video

domingo, 29 de marzo de 2009

Capítulo 1


A mediados de semana santa los padres de Adriana tuvieron la ocurrencia de volver a Madrid. Me invadió una gran tristeza tener que separarme de ella tan repentinamente. Todos los planes del fin de semana habían quedado destruidos. Adri y yo nos conocemos desde el comienzo de nuestra adolescencia. La distancia que nos separa nunca fue un impedimento para nuestra amistad. Yo vivía en un pequeño pueblo de Extremadura, mientras que ella, solo acudía ciertos fines de semana y durante las vacaciones escolares. Adriana siempre me pareció un modelo a seguir. Ella siempre tan increíblemente despreocupada, atenta y cariñosa. En ocasiones la caracteriza un toque aniñado dentro de su madurez que hace que la quiera todavía más, si cabe. Con lágrimas en los ojos, lágrimas que, muy a mi pesar, en cada despedida se escapaban a mis intentos de ocultarlas, dejé marchar a mi gran amiga con la promesa de disfrutar de aquellos últimos días de vacaciones. Así que finalmente decidí bajar al campo con todos mis amigos a festejar el buen día que hacía. Compramos comida y bebida y pusimos rumbo al Canal. El Canal era el lugar donde nos juntábamos los jóvenes en fiestas cuando íbamos a comer al campo. Es una parcela presidida por una fuente, La Fuente de Cristal, que recogía el agua de un manantial que no se secaba nunca, la llamaban de cristal por la transparencia de sus aguas y por tan fría que llegaba, tanto que te cortaba la garganta, como un cristal.
Era un día espléndido. El sol bañaba los campos con su reflejo dorado y nos permitía desprendernos de las chaquetas. El comienzo de la primavera se podía apreciar en los dulces olores y los llamativos colores de las flores que comenzaban a cubrir los parajes que nos rodeaban.
-Carol, no te rayes y diviértete, sabes que Adri volverá enseguida.
-Si, pero tú te vas mañana- le respondí a Sara que no dejaba de intentar alegrarme.
-Pues por eso, porque me voy mañana. Motivo suficiente para que este día sea memorable.
-Tienes razón. Anda, vamos a decirle a Joni que ponga algo de música en su coche. Esto está muy apagado, parece que está decayendo la fiesta.
Aquel día bajamos al campo personas de todas edades y grupos. Como el mío es un pueblo pequeño todos nos conocíamos y solíamos llevarnos bien. Así que nos encontrábamos todos revueltos aunque cada uno tuviera bebida y comida en un lugar a parte. Una especie de chiringuitos improvisados para los días que venía mas gente al pueblo en fiestas. Joni era mayor que yo un año. Entre nosotros existía una amistad especial, más que amigos siempre parecimos hermanos.
Así el día se paso volando entre bailes, risas y reencuentros con las personas que habían venido a disfrutar de la semana santa.
-Jonathan, está empezando ha hacer frío ¿me puedes llevar a casa?
-Claro pequeña, bébete un cubata y siéntate al lado del fuego que nos vamos en cinco minutos.
-Sabes que no suelo beber y en un rato ya me he bebido dos- le dije cuando me sirvió una copa.
-Aquí el único que no puede beber soy yo que tengo que conducir.
A penas eran las diez de la noche y mucha gente se había subido a casa. Todos se iban a duchar y arreglar para salir por la noche. Los pocos que allí seguíamos, disfrutando de la fiesta, estábamos reunidos alrededor de la hoguera. Seríamos unos treinta de distintas edades, entre chicos y chicas. Algunos contaban chistes, otros cantaban y bailaban. La mayoría embriagados del alcohol y la diversión reían aunque, y es lo más probable, nadie hubiera dicho nada gracioso y los demás hablaban animadamente con los que tenían más cerca. Había unos bancos improvisados con el tronco de algunos árboles, pero preferí ir a un lugar un poco alejado ya que no me apetecía demasiado estar tan cerca del ruido y lo demás, quería evadirme un poco y relajarme. Escogí sentarme en el suelo, cerca de la hoguera hacía demasiado calor.
-Perdona, ¿está libre este sitio?- quedé extrañada. Me sonaba la cara de aquel chico pero las dos copas que había tomado no me ayudaban demasiado a recordar.
-Si claro, el suelo es de todos.- le comenté sonriendo a lo que el me respondió con una sonrisa tan perfecta que logró cautivarme desde el primer momento. Era un chico moreno, con el pelo revuelto a causa de estar todo el día fuera, supuse, y tenía unos ojos verdes, casi trasparentes que a penas pude distinguir por culpa de la falta de luz.
-Muy graciosa, me refería a si había alguien sentado aquí.
-¡Ah! ¡Con que era eso! No te preocupes, puedes sentarte- le dije con una sonrisa y me guiñó un ojo a modo de agradecimiento- Perdona ¿nos conocemos?- Creo que si le hubiera conocido jamás hubiera olvidado sus labios dejando entrever unos dientes perfectamente alineados, una risita tan dulce como aquella.
-¿Eres Carolina verdad? El pueblo no es tan grande.
Los pitidos de un coche me interrumpieron nada más abrir la boca para contestar.
-¡Carol! ¿Te subo ya a casa princesa?- llegó inoportunamente Joni, y Sara que parecía salir de la nada me arrastró hasta el coche.
Me fui con el recuerdo de su sonrisa reflejada en mis ojos. Me impresionó mucho, y me acusé de no haberme fijado antes en aquel muchacho. Una vez me paré a pensar recordé que no le había preguntado su nombre. Sabía quien era, le recordaba vagamente, de alguna fiesta quizá. Estaba muy confusa. Seguramente le habría visto mil veces con sus amigos, pero jamás había tenido oportunidad de hablar con él. Ahora no sabía como preguntarle a mis amigos respecto a ese chico. Intenté buscar excusas para preguntarlas, al menos para conocer algo de él. Pero finalmente lo dejé por imposible. Habría que esperar a verlo de nuevo.
La espera me trastornaba y me confundía, acostumbrarda a tenerlo todo al alcance de mi mano, cuando llegaba algo difícil me superaba, para mi las cosas eran fáciles, cualquier cosa es fácil hasta que de repente todo da un vuelvo inesperado y te das cuenta de que la felicidad es efímera y los sentimientos cambian. Ahí es dónde aprendes a ver que tu vida perfecta en la bola de cristal puede destruirse en cualquier momento. Pero saqué fuerzas de donde pude para aguantar sin hacer preguntas, no quería que me las hiciesen a mi y mis amigas comenzaran a hacer comentarios y a sacar conclusiones equivocadas. Jamás me gustaron los chismorreos, pero es lo que tiene ser de un pueblo, todos se enteran de todo y tu estás en la boca de ellos como cualquiera, da igual que sea verdad o mentira, cualquier cosa, ya puede ser la mayor tontería del mundo, sale a la luz.

Sinopsis


Carolina, a sus diecisiete años de edad se ve envuelta en una espiral de sucesos que acaba conduciendola a una depresión. Carol, como miles de adolescentes por todo el planeta, no sabe muy bien cual es su lugar en el mundo. Ella es una chica sencilla de un pequeño pueblo perdido por la Siberia Extremeña, ve como la relación de sus padres se va a pique mientras que cada vez ella se ve más lejos de sus amigos.El suspiro del amor, una relación que se destroza y un curso que está por acabar, todo ello se transforma en una inmensa tristeza que se apodera de su corazón.

viernes, 20 de marzo de 2009

Hola a todos

Aquí estoy una vez más para presentar algo más perteneciente a Solo escribir.
A partir de ahora parte de la novela Encerrada en Olvido será colgada aquí, para todo el que desee leerla esta será su oportunidad.
Por lo demás y como siempre os animo a participar en el concurso que anuncio en mi web.
A continuación os dejo mi gran cantidad de direcciones, como siempre deciros que el correo electrónico vía e-mail es el que más utilizo, pero lo demás lo miro cada día también así que no es muy difícil contactar conmigo.

Me msn/e-mail: solo.escribir@hotmail.com
Tuenti: Patricia Soloescribir
*Youtube: SoloEscribir

*Problemita con el youtube que algunos no me encontráis. En la barra donde está el botón de buscar a la izquierda pone inicio, videos, canales, comunidad. Pinchar Canales y despues en la barra de búsqueda poner SoloEscribir.